sábado, 30 de marzo de 2013


Ahora me pregunto yo hasta qué punto me interesa conocer la esencia de las cosas, su ciencia o el mecanismo de la misma vida, que vengamos de la tierra o seamos como palomitas de maíz disgregadas por ese gran microondas con grill que es el útero de Dios, o si Dios estuvo al principio y luego se marchó de putas (las mismas putas que él creó: ¿Eso es incesto?) y nos dejó con el culo al aire, a nuestro libre albedrío, o si Dios no es más que un concepto creado por el hombre, el comodín de la llamada que usamos 
cuando nos faltan respuestas.
O puede que la vida no sea más que un mero trámite, el típico espacio en blanco de un 

formulario a rellenar por el consumidor. 
Yo, por mucho tiempo que viva 
jamás querré conocer el mecanismo de mis 
sentimientos, el por qué lloro o a veces rio, 
sólo quiero que el dolor duela 
y que con una sola caricia tuya 
se me calme.

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