jueves, 14 de marzo de 2013


Hubía una vez un barco en donde viajaban todos los sentimientos, la alegría, la tristeza, el rencor, la sabiduría y muchos más, incluyendo el amor, todo era un remanso de paz, hasta que un día se desató una terrible tormenta y un rayo alcanzó el navío, rápidamente se fué avisando a los moradores, que el barco se iba a hundir.
Todos los sentimientos se apresuraron a salir del barco, se metieron en sus lanchas salvavidas y se apresuraron a partir, pero el amor se quedó, porque se quería quedar un rato más en aquel barco que tanto amaba
antes de que este se hundiese.
Cuando por fin, sintiendo que se ahogaba el amor comenzó a pedir socorro, vió a la riqueza y el amor le dijo, riqueza, llévame contigo, no puedo, hay mucho oro y plata en mi barco y no tengo espacio para ti, luego le pidió ayuda a la tristeza, que también venía pasando, tristeza, ¿Me dejas ir contigo? ¡Ay amor! Estoy tan triste que prefiero ir sola, despues tambien pidió ayuda a la alegría, pero esta estaba tan alegre que ni siquiera oyó al amor llamar, desesperado, el amor comenzó a pedir auxilio y ahí fué cuando una voz le llamó, ven amor, yo te llevo, era un viejecito, el amor se sintió tan feliz al verse auxiliado que hasta se le olvidó preguntarle su nombre, pero al llegar a tierra firme, le preguntó a la sabiduría, sabiduría, ¿Quién era el viejecito que me trajo hasta aquí? La sabiduría le respondio, era el tiempo. ¿El tiempo? ¿Pero por qué sólo el tiempo me quiso traer? Y la sabiduría le respondió, porque sólo el tiempo es capaz de ayudar y entender al amor...

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