miércoles, 27 de marzo de 2013



Cuando me pediste que te contara alguna de mis anécdotas, me vino a la cabeza una en concreto y te la conté con todo lujo de detalles. El caso es que después recordé que, en su día, aquella anécdota me la había inventado de principio a fin para este blog. No era real, pero yo la describí convencido de que sí lo era, recordando incluso la descripción física y los gestos exactos 
de la persona en cuestión.
Lejos de preocuparme, aquello me pareció un milagro. Cuando llegas al punto de confundir ficción y realidad y empiezas a tener recuerdos nítidos de ficciones creadas por ti, resulta tentador construirte un pasado a la carta, restando traumas y sumando logros a tu antojo. Imagina que reescribes tu propia infancia y adolescencia, y el lugar de aquel niño que te pegaba en los recreos te inventas que le pegabas tú a él, y la chica fea que te desvirgó la conviertes en princesa, 

o tu fracaso escolar en "Cum laude" 
Imagina que así enmiendas tus pecados, reescribiéndote con tono realista un pasado paralelo......

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