miércoles, 26 de diciembre de 2012

Debido, tal vez, a la bajada de sus pingues ingresos por la fuerte caída en la venta de pisos, ahora los notarios, ministro Gallardón mediante, se han metido en el negocio del amor, podrán dar fé de que tú y yo nos queremos, 
vida mía, y esa fé moverá montañas,
las montañas de la administración competente.
Al fin podremos, mi amor, acudir juntos a una notaría y demostrar nuestros sentimientos a un señor con bigote. Volcar tú corazón y el mío sobre su mesa de roble, esperar de la mano a que la biopsia determine que, en efecto, mi aurícula izquierda encaja a la perfección con tú ventrículo derecho y después el notario 

corrobore con su firma que, 
en consecuencia, nos queremos.
Todo esto previo pago, eso sí, 
de su correspondiente minuta. 
¿Pero acaso tiene precio nuestro amor?
Tal vez sí, ya lo ves.
¿Y quién fija ese precio?
Ellos, que son los que saben.

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