Desde que tatué tú nombre en mi mente camino como sin rumbo por dentro de mí mismo, así es que cuando siento ansiedad acaricio el tatuaje y me relajo y cuando te sueño lo hago surcando tus caderas, tú vientre y tú ombligo, parando a repostar en la estación de servicio de tú boca, supongo que el tatuaje accede a tí a través del oído y esa misma tinta atraviesa el tímpano, encharca tú subconsciente y acaba escribiendo el guión de tus sueños.
El otro día sentí un fuerte dolor a la altura del pecho, fui al médico, me hizo toser y al escuchar mi tos lo tuvo claro: ¡Ummmm, chungo! El tabaco, supongo, el caso es que me mandó operar de urgencia y aquí estoy, en el quirófano, me acaban de anestesiar, y ahora un cirujano se está acercando a mí con un bisturí en la mano, parece que pretende rajarme el pecho en dos.
Pero no me preocupa,
porque todo esto no es más que un sueño.


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