sábado, 29 de diciembre de 2012

El tercer jueves de cada mes mi psiquiatra y yo hacemos lo que él denomina “Terapia de calles abiertas”. Trasladamos su despacho al interior de mi mente y el diván es una silla imaginaria, según dice, muchos de mis traumas proceden de lo que siento por tí y no hay mejor forma de abordar cualquer problema que hacerlo precisamente, desde dentro, la terapia consiste en imaginar que vamos en un taxi dando vueltas por la ciudad mientras él me psicoanaliza desde el asiento trasero, como si él fuera usuario y yo el taxista, solo que al final del trayecto yo le pago a él lo que marca el taxímetro, el caso es que ayer sucedió algo insólito, mientras él me hablaba de mis proyecciones amorosas, biopsiando en mi interior como si yo fuera una rata de laboratorio y mirándome fijamente a través del espejo retrovisor, moví el espejo para que él se reflejara en sí mismo, con sus ojos en contacto directo con sus propios ojos, y entonces mi psiquiatra implosionó.¡¡¡¡PUM!!!

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