sábado, 22 de diciembre de 2012

Sé que las cosas no pintan bien, y encima cuando hablo con amigos y familiares todos me repiten una y otra vez la misma historia: “el país va mal, no hay trabajo”. Como si eso no lo supiese ya, por si fuera poco la televisión, radio y periódico se encargan de recordarmelo a diario ¡A ver! que a mí me parece muy bien que se informe, pero cuando hablo con conocidos no necesito que me repitan un centenar de veces lo mal que está España, yo solo quiero que alguien me agarre la mano y mirándome a los ojos me diga... 
“TODO VA A SALIR BIEN”. 
Que sea verdad o mentira, esa es otra cuestión.
El ser humano entiende de razones pero vive de ilusiones y esperanzas, a veces estas últimas llegan, o no, pero si se las quitamos ¿Que les queda? En estos tiempos de desolaciones, desesperanzas y gritos mudos lo único que podemos ofrecer a parte de la miseria es la esperanza, no llegues a casa de un parado a explicarle lo mal que va todo, al igual que no te sentarías al lado de un mendigo a pedirle comida o de un enfermo de cáncer terminal a decirle lo difícil que es tu vida porque se te ha manchado de vino tú camisa preferida, siempre hay enfermos con más dolor que tú, estudiantes con más nota y obreros con más maña, pero no por ello vas a perder la esperanza.

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