jueves, 16 de mayo de 2013

Algunas veces no puedes evitar meterte dentro de tí y pierdes el control de cuanto sucede a tú alrededor pulsando sin querer ese piloto automático que te permite estar en los dos mundos sin que nadie lo note. Suele suceder en situaciones aprendidas de memoria, cuando caminas por la misma ruta de siempre camino a casa, o viajas en autobús con los ojos fijos pero mirando nada. Te metes dentro y ahí el tiempo no transcurre, ni tampoco hay clima que afecte, estás aquí, pero muy lejos.
¿Pero en qué piensas cuando esto sucede? Tal vez en nada, el ensimismamiento no siempre lleva implícito una línea argumental, o tal vez te lleguen imágenes que creías olvidadas sin saber muy bien por qué, imágenes ancladas a un pasado muy concreto, otros rostros que ya no comparten tú vida, o estados de ánimo ya olvidados que apaciguan y agradeces recordar. Con ciertos recuerdos sonríes, y puede que alguien de fuera te mire en ese instante y no entienda tú sonrisa y justo vuelvas al mundo real y te veas sonriendo y te sientas ridícula y aun así prefieras volver a ese recuerdo y pasar de los que miran, lo veo constantemente en personas que caminan solas y, de repente, ríen o fruncen las cejas o vocalizan en silencio.
Me gusta verlo, 

me hace creer que hay algo más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...