Recuerdo a aquel niño: Sus gestos, su mirada, recuerdo que le costó un horror salvar aquel único peldaño del autobus, apenas podía andar, tampoco hablaba con soltura, recuerdo que tras cederle mi asiento, aquella mujer, no sólo me contó los pormenores de la enfermedad del niño "Espina bífida abierta" sino que también me habló de los cuidados que precisaba, así como de las intervenciones quirúgicas que llevaba a sus espaldas: siete. En cierto modo, parecía orgullosa de él, pero también de su faceta de madre coraje, entregada y sufrida. Aparte de aquello, de hablarme de su hijo sin yo dar pie a ello, llamó mi atención sus constantes alusiones a Dios (“Si Dios quiere”, “gracias a Dios”, “un regalo de Dios”, etc). Recuerdo que esa misma tarde, al llegar a casa, me dio por googlear “ESPINA BÍFIDA ABIERTA”. Me sorprendió y me apenó comprobar que esa emfermedad era la más grave de las distintas variantes de espina bífida, que se formaba (o malformaba) en la segunda o tercera semana de gestación del feto y que, en el peor de los casos, el niño en cuestión estaba condenado a una vida corta y dolorosa.
El caso es que he vuelto a recordar aquello que ocurrió hace ya varios meses a raíz de la última ocurrencia del Ministro de Justicia Gallardón: la nueva ley del aborto, según la cual cualquier malformación del feto no será motivo de aborto provocado, es más, será ilegal.
Llama mi atención el énfasis con que el ministro defiende a los no nacidos, y el poco interes que demuestra hacia los que ya lo han hecho recortándoles las ayudas que precisan para poder llevar una vida medio digna
Aquella mujer, en fin, pudo decidir tenerlo al igual que lo tendría con la nueva ley, fue decisión suya y solo suya, supongo que tuvo aquel niño (enfermo de por vida) movida por sus creencias religiosas, supongo que ella es de las que piensan que su niño nació así porque Dios lo quiso (un Dios bastante hijo de puta, añado) y por eso, en ningún momento, se planteó abortar. Otras, en su caso, lo habrían hecho sin dudarlo, con todo el dolor de su corazón, no me cabe la más mínima duda.
Sin embargo ahora, con la nueva ley, las mujeres que se lo puedan permitir tendrán que ir a Londres, como en tiempos de Franco, o tenerlo y condenarse, madre, padre y niño, a una vida ingrata, "Eso si, por la gracia de Dios".

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