Existe en ciertas personas una agónica necesidad de sentirse siempre acompañados,de que siempre exista alguien al otro lado esperando en su destino o llenando cada hueco de su agenda para no estar nunca solos y así evitar el silencio, o el vacío. Y todas sus mañanas siguientes amanecen temprano porque siempre tienen mucho que hacer, una vida coordinada al milímetro, el trabajo, la compra, cocinar o sacar al perro; y así día tras día, semana tras semana y un mes tras otro hasta que al fin, aunque sólo sea por pura inercia o por falta de costumbre, consiguen su objetivo: no escucharse. Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior, ¿Qué podrían decir si la escucharan? Tal vez no quieren sorpresas por miedo al abismo. Imagina que un buen día te sorprendes pensando que todo es relativo y de súbito comienzas a cuestionarte tus propias rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente encuentras placer en ello. Imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda, (Traumas incluidos) y empiezas de cero en otra parte, más lejos de todo pero mucho más cerca de ti. Imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres. Imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti misma.
jueves, 2 de mayo de 2013
Existe en ciertas personas una agónica necesidad de sentirse siempre acompañados,de que siempre exista alguien al otro lado esperando en su destino o llenando cada hueco de su agenda para no estar nunca solos y así evitar el silencio, o el vacío. Y todas sus mañanas siguientes amanecen temprano porque siempre tienen mucho que hacer, una vida coordinada al milímetro, el trabajo, la compra, cocinar o sacar al perro; y así día tras día, semana tras semana y un mes tras otro hasta que al fin, aunque sólo sea por pura inercia o por falta de costumbre, consiguen su objetivo: no escucharse. Tal vez les aterra el eco insoportable de su voz interior, ¿Qué podrían decir si la escucharan? Tal vez no quieren sorpresas por miedo al abismo. Imagina que un buen día te sorprendes pensando que todo es relativo y de súbito comienzas a cuestionarte tus propias rutinas, tus costumbres, por qué haces lo que haces o si realmente encuentras placer en ello. Imagina que ese nuevo relativismo te lleva a mandarlo todo a la mierda, (Traumas incluidos) y empiezas de cero en otra parte, más lejos de todo pero mucho más cerca de ti. Imagina que comienzas a conocerte, a aceptarte y a quererte tal y como eres. Imagina que ya no necesitas proyectarte en el amor de los demás porque ya eres capaz de producirlo por ti misma.
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