Si no hubiera más patria que el cuerpo y la mente de cada uno, tampoco habría guerras, ni genocidios, ni religiones que nos ataran de pies y manos limitando nuestra capacidad de discernir lo que está bien y lo que está mal. No necesito que ningun dios me diga que no es bueno matar, mi guerra es otra, sólo quiero que nadie venga a tocarme los cojones.

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