lunes, 6 de mayo de 2013

Tras 84 días de concienzudo estudio
en el laboratorio de mi cama
he conseguido elaborar un listado
de motivos que demuestran
que lo de haber dejado de hablarme 
ha sido una insensatez por tú parte.
Para demostrartelo aquí te dejo los resultados
de tan elaborado estudio.
1- Tú piel y mi piel son compatibles.
2- El lóbulo de cualquiera de mis orejas
encaja a la perfección sin holgura,
en tú ombligo.
3- Mi cuello y tú cuello, al unirse,
simulan el mecanismo
de dos ruedas dentadas,
soldadas por una sustancia
que el análisis de mi lengua identificó como
“aleación de salitre y óxido curioso”.
4- Cada vez que te abrazo tus órganos internos
se coordinan con los míos, lo cual demuestra
la alineación perfecta de todos y cada uno
de nuestros poros, por eso siempre que te abrazo
a mi me duele tú apéndice
y a ti te suenan mis tripas.
5.- Tus uñas, al rozar mi espalda,
se convierten en pétalos de rosas sin espinas
que se clavan en mi espina dorsal.
(Y no sangro)
6- Tú labio superior es idéntico a mi labio inferior
y viceversa, por eso cada vez que nos besamos
el tiempo retrocede.
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¡Por cierto, se me olvidaba!
Ayer la Policía Científica 
entró en mi cabeza,
me desmanteló el cerebro,
me esposaron,
y me llevaron a comisaría.
¿Que con que acusación?
Laboratorio clandestino, (según dicen)
¿Sabes una cosa? Al tomarme las huellas
salió en la pantalla tú ficha policial,
tranquila, estas limpia.
NOTA 
Espero que compartas cada uno
de los siguientes puntos
o los transformes en comas,
o que directamente
me comas y punto.

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