miércoles, 1 de mayo de 2013


Ella es cardióloga y operó del corazón al que un tiempo después acabó siendo su marido. 
Durante aquella intervención, el corazón de él, 
se paró durante ocho largos segundos.
Ella no olvidará nunca la sensación 
de aquel corazón 
inerte entre sus manos
de hecho, lo recuerda cada noche
cuando acaricia la cicatriz en su pecho.
Se enamoraron después, en el post-operatorio. 

Él había llegado al hospital de urgencias, 
víctima de un infarto, 
pasó directo de la ambulancia al quirófano.
Así pues, cuando ella le abrió en canal, 
aún no se conocían, ella no le había visto antes 
y él estaba inconsciente, sedado.
Tiene que ser raro conocer primero por dentro 

al que será el amor de tú vida, 
manipular sus órganos antes incluso 
de haber escuchado su voz, 
de haber intercambiado unas palabras. 
Que a él se le pare el corazón y ella le salve,
(O viceversa) 

y al salvarlo también te salves a tí mismo. 
Que ahora el corazón de ella se acelere cada vez que recuerda esos ocho segundos. 
Que él le deba la vida a la mujer de su vida. 
Que ella pegue su oreja al pecho de él, 
escuche su corazón y se duerma plácidamente 
con la cadencia de sus latidos...
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¡Joder! Y todo esto me ha venido a la mente
despues de leer un artículo en el que decían 
que los infartos eran una de las primeras causas 
de muerte entre los fumadores.
(Despues de esto, no sé si dejarlo) 
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