jueves, 30 de mayo de 2013

Todos tenemos, o deberíamos tener, un libro de referencia espiritual que nos ayudara a retomar el camino adecuado cada vez que nos perdemos, algo así como un GPS que le indicara el camino de retorno a nuestros sentimientos, cuando en vano, los hemos entregado.
El cristiano ya tiene la Biblia, el musulmán el Corán y yo ahora acabo de encontrar este mismo bálsamo en un libro "El filtro de amor de Ikey Schoenstein", escrito por un tal O. Henry, y no sólo he intentado empaparme de cada enseñanza en forma de capítulo de tan (Para mi) desconocido libro, sino que también procuro predicar con su ejemplo: Cambio los filtros de mi cerebro religiosamente cada 10.000 recuerdos, y si me paso, aunque sólo sea por unos cuantos, acudo rápido a mi Guía Espiritual y me confieso hasta conseguir su absolución en forma de lectura, (Por supuesto). Ahora bien, de entre tantas metáforas técnicas  sobre los aspectos místicos del alma, sigo sin saber cada cuánto he de cambiar el filtro de los sentimientos que siento hacia tí. 

¿Cada cien miradas? ¿Cada cien deseos? 
¿Doscientos quizás? 
Dime Amor mío, ¿Acaso lo sabes tú?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Podría decirte que hay abrazos que duran toda la vida, cuando cierras los ojos. También podría contarte que hay personas que aparecen cuan...