martes, 21 de mayo de 2013



Sería su primera cita con aquella mujer del chat, había quedado con ella para invitarla a cenar, sería su primer encuentro sin un monitor delante. la conoció en un foro de debate en internet, las opiniones que vertía él llamaron la atención de ella y viceversa, de ahí pasaron a los mensajes privados y de éstos al interés mutuo por la vida del otro. Tras varios días de confesiones, se mandaron fotos, y así como de sopetón,¡¡PLAF!! surgió el flechazo. - Si me atrae lo que dice y también me atrae su físico, nada puede fallar (Se dijo). Llegó al punto de encuentro y ahí estaba ella, ambos se reconocieron en seguida y se dieron sus dos primeros besos analógicos, piel contra piel, aunque rehuyendo las miradas, (Los ojos en vivo impactan más, nadie teme a nada en internet, y sin embargo)… los dos comenzaron a hablar como víctimas de una timidez que nadie esperaba, se mascaba tal vez, la decepción, la química presencial no coincidía con aquellos otros pálpitos en banda ancha, cara a cara no hay píxeles, no hay café del propio hogar frente al teclado, el tiempo transcurre a distinta velocidad, es difícil el manejo de los tiempos en persona (los silencios, en un chat, no son silencios, puedes excusarte en falso). Las fotos o mil charlas no lo son todo, el tacto, el olfato, el compartir el mismo frío o calor, el campo gravitatorio de dos cuerpos. Los códigos mal desencriptados acaban convirtiéndose en conversiónes fallidas. "Aquí la prueba"

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