A edades como la nuestra los corazones
segregan ciertas
sustancias antideslizantes
que aíslan e insensibilizan
el tacto
de la novedad.
La pregunta no es si acabas de pintar
tú corazón para que parezca nuevo
sino
¿Cuántas manos de pintura lleva?,
¿Podrás esperar a que se seque?
o
no te importa que otros brazos urgentes
se manchen de ese recién
pintado rojo tuyo.
(Te advierto que la pintura fresca
coloca y distorsiona el juicio)
Cada relación fallida
genera desperfectos estructurales,
cada
relación larga pero sin chispa
genera óxido y corroe en silencio.
Me
quedo con los corazones recién estrenados,
nada como un corazón en garantía
sin miedo a las arritmias, ni a los soplos.
Volver a empezar con tres capas de pintura
entre pecho y
espalda
requiere un mayor mantenimiento,
revisiones periódicas y
posibles parches
en las costuras de la experiencia.
El amor verdadero sólo se da entre cardiólogos.

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