Hoy desearía
que tú estrella no se apagara nunca,
que la pasión llamara a tú puerta
tantas veces como quisiera,
que todas las drogas fueran blandas,
tantas veces como quisiera,
que todas las drogas fueran blandas,
que todas las caras fueran duras,
que los ingratos se hincharan a cebollas,
y ya de paso, que las cebollas
derramaran su rima en su boca,
que al racista le naciera un hijo negro,
derramaran su rima en su boca,
que al racista le naciera un hijo negro,
que Israel dijera…- ¡Gaza! -
Y Palestina contestara…¡De nada!.
Que los soplones apagaran velas,
que las monjas se enamoraran,
que los curas salieran del armario,
que las polillas tuvieran alergias,
que tus lágrimas se pudieran beber,
que las putas hablaran,
que los jueces cerraran su puta boca,
que los cielos se disfrazaran de fiebre
y tú tacto se disfrazara de mí.
Y Palestina contestara…¡De nada!.
Que los soplones apagaran velas,
que las monjas se enamoraran,
que los curas salieran del armario,
que las polillas tuvieran alergias,
que tus lágrimas se pudieran beber,
que las putas hablaran,
que los jueces cerraran su puta boca,
que los cielos se disfrazaran de fiebre
y tú tacto se disfrazara de mí.

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