(capital de un Reino que no es
el mío)
y por extraño que parezca me encontré con algunas obras. Yo me resisto a creer que todos esos
agujeros fueran solo remiendos, sino más bien búsquedas de algo que se nos
escapa al resto de los mortales, yo creo que los operarios de la construción, en realidad, son científicos
o filósofos que escarban el suelo
(o arañan el cielo construyendo rascacielos)
con la intención de encontrar
el verdadero sentido de la vida
bajo nuestros pies
(O sobre nuestras cabezas),
o puede que anden buscando ahí,
en las antípodas
(Nueva Zelanda, en nuestro caso)
o filósofos que escarban el suelo
(o arañan el cielo construyendo rascacielos)
con la intención de encontrar
el verdadero sentido de la vida
bajo nuestros pies
(O sobre nuestras cabezas),
o puede que anden buscando ahí,
en las antípodas
(Nueva Zelanda, en nuestro caso)
alguna señal que determine
qué cojones hacemos aquí,
qué cojones hacemos aquí,
o bien algún rastro de nuestros antepasados
neardenthales, simios, o de derechas.
Meten sus excavadoras y encuentran tuberías que son cordones
umbilicales que unen nuestras casas, cordones conductores de gas, que de romperse, sin duda provocarían el caos ¿Te lo imaginas?
Por eso pienso que los operarios de la construción tienen el poder, porque manejan no sólo el control de nuestra economía, sino también todos aquellos secretos
de las entrañas de nuestra tierra que, de hacerse públicos, provocarían
el caos entre la población hasta acabar extinguiéndose la raza humana, si supiéramos,
en definitiva, lo que los obreros saben,
en definitiva, lo que los obreros saben,
nos iríamos todos a tomar por culo.
Desde que saqué todas estas conclusiones, cada vez que paso delante
de una obra (o de algún obrero), me santiguo. No soy religioso, pero
tampoco gilipollas.

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