lunes, 8 de abril de 2013



El Jueves pasado estuve en Barcelona 
(capital de un Reino que no es el mío) 
y por extraño que parezca me encontré con algunas obras. Yo me resisto a creer que todos esos agujeros fueran solo remiendos, sino más bien búsquedas de algo que se nos escapa al resto de los mortales, yo creo que los operarios de la construción, en realidad, son científicos
o filósofos que escarban el suelo
(o arañan el cielo construyendo rascacielos)
con la intención de encontrar
el verdadero sentido de la vida
bajo nuestros pies
(O sobre nuestras cabezas),
o puede que anden buscando ahí,
en las antípodas 
(Nueva Zelanda, en nuestro caso)
alguna señal que determine  
qué cojones hacemos aquí
o bien algún rastro de nuestros antepasados 
neardenthales, simios, o de derechas.
Meten sus excavadoras y encuentran tuberías que son cordones umbilicales que unen nuestras casas, cordones conductores de gas, que de romperse, sin duda provocarían el caos ¿Te lo imaginas?
Por eso pienso que los operarios de la construción tienen el poder, porque manejan no sólo el control de nuestra economía, sino también todos aquellos secretos de las entrañas de nuestra tierra que, de hacerse públicos, provocarían el caos entre la población hasta acabar extinguiéndose la raza humana, si supiéramos, 
en definitiva, lo que los obreros saben, 
nos iríamos todos a tomar por culo.
Desde que saqué todas estas conclusiones, cada vez que paso delante de una obra (o de algún obrero), me santiguo. No soy religioso, pero tampoco gilipollas.

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