jueves, 4 de abril de 2013


Al final comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando la intenté conquistar
me esperaba una mujer casada
que ya no se acordaba de mí.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va,
ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
con un recuerdo de mujer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los amores de ciudad...

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