viernes, 26 de abril de 2013
Mi desgana por todo no es más que una excusa para huir como huimos los pobres: en círculos, cada mañana me piro tan lejos como me dicta el azar, pero siempre acabo regresando a mi punto de partida.
¿Que de quién huyo? ¿Y tú me lo preguntas?
Luego está el amor subyacente y los flechazos subyacentes que me dan esperanza y un margen de pulsaciones holgado para que pueda vivir expectante y con las pestañas pegadas en sus respectivas cejas.
Los únicos accidentes que he sufrido en mi vida han sido por seguir con la mirada a mujeres que rompieron el iris de mis sentidos. En el último (Me di de bruces contra la marquesina de la parada del autobús) salí corriendo hacia la mujer, toqué su hombro y cuando se giró señalé la marquesina y le dije:
- Lo que siento por ti se ha quedado incrustado en ese anuncio de sujetadores..
- La mujer sacó de su bolso un kleenex y me dijo:
- Te sangra la frente.
- Tomé el kleenex y ella se marchó, se marchó sonriendo.
Mi amor por ella duró lo que tardó en bajarme el hinchazón de la frente. Fue más de una semana sin dormir y sin comer víctima del embrujo de sus ojos color dulzura. Por los puntos de sutura que me dieron en la frente supe que el amor siempre duele. Por lo que me cobró el farmaceutico por los antibióticos supe que el amor tampoco es barato.
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