martes, 16 de abril de 2013



Ese niño era igual que yo de niño, ¡lo juro!: 
el mismo pelito rizado, el mismo cuerpo fideo, 
la misma mirada alegre…Caminaba de la mano 
(Con una madre que no era igual que mi madre) 
en silencio y observando la calle, 
hubo un momento en que el niño 
me miró y yo le miré a él, nos quedamos clavados, 
y aquello fue un shock para mí, como si aquella mirada tuviera la cualidad de viajar en el tiempo., clavé mi mirada hacia él, enfocando a sus ojos, y así los mantuve durante un minuto que a mi me parecieros veinte, 
su mirada parecía pedir auxilio, la mía también, 
en cualquier caso era asombroso verme reflejado 
con más de cuatro décadas de diferencia.
Luego, cuando “mi yo pasado” y mi madre falsa empezaron a alejarse me pasó algo curioso, comencé a ver la calle pero como cuarenta y tantos años antes, los mismos que me separaban de aquel niño, a lo lejos vi que se acercaba un Seat 1430 pero al pasar por mi lado se convirtió en un Seat Toledo último modelo. Lo mismo me pasó con un Renault Cinco Copa que se transformó en un Clio nuevísimo (su conductor antes llevaba una camisa con cuellos de pico y flores, y ahora un polo azul eléctrico). Algunos edificios también eran distintos, incluso vi la Fábrica de Lejía Conejo donde ahora está el parque Can Tuñí. A medida que avanzaba, el día, mi presente le iba comiendo terreno al pasado, pero no había forma de quitármelo de encima: sentía el aliento del pasado en mi nuca, como persiguiéndome de cerca todo el rato, entonces me acordé de aquella vez, allá por EGB, cuando mi profesora de mates, la señorita Eugenia, me pilló garabateando en la fachada del colegio, yo por aquel entonces estaba enamorado de una tal Mari Carmen (mi primer amor: una niña preciosa de pelo rubio) y quise dar fe en la fachada principal del colegio con una frase que había leído una semana antes en la clase de literatura, el castigo por esa primera muestra de amor duró una semana,  ahí me di cuenta que el amor dolía. Ahora el pequeño edificio de aquel colegio aún sigue en pie, además ahora tambien es una escuela de música (lo juro). De todos modos allá que me llevaron mis pasos y cuando llegué al punto exacto del muro me giré para enfocar mi mirada en la pintada de antaño, y en efecto, ahí estaba; 

“El Amor vive en el Corazón de los valientes”.

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