Resulta inquietante la capacidad que muchas personas tienen para justificar lo suyo, su estilo de vida o su opción ideológica, criticando lo opuesto a ellos, a menudo son críticas simplonas tirando a burdas: “Lo que les pasa a los parados es que no quieren trabajar, mi vecino, sin ir más lejos se quedó sin trabajo y ahí le tienes, estirando el paro hasta el último día. ¡Menudo vago, el tío!”
me decía uno.
En este caso, el tonto de turno generaliza
(“los parados no
quieren trabajar”)
basándose en un ejemplo cercano, un ejemplo de entre más de 5
millones, y lo mismo sucede con los “indignados” del 15M. “Se ven por la
tele con unas ropas y unas pintas…”. Ahí el aspecto físico de algunos se
toma como muestra para deslegitimar al movimiento en su conjunto, la
estética de unos pocos, a los ojos de estas personas, anula todo el
mensaje que hay detrás.
Hay otro ejemplo,“Todas las mujeres son iguales”
(para apaciguar el dolor de una ruptura reciente),
o “Todos los musulmanes son unos fanáticos terroristas”
(para apaciguar el dolor de una ruptura reciente),
o “Todos los musulmanes son unos fanáticos terroristas”
(para engrandecer su opción católica).
Este comportamiento no es casual, los aludidos son, en cierto
modo, gente burbuja que tienden a encontrar su propia fortaleza en la falsa
debilidad del contrario, buscando “sacos de hostias” para reforzar y
blindar su postura.(Pero esa postura, su VERDAD, es MENTIRA)

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