sábado, 6 de abril de 2013

Aunque el mundo te lleve a ello, no eres una máquina, aunque vivas rodeado de normas, de leyes, de horarios, aunque la televisión te diga qué champú comprar o cómo debes sufrir las hemorroides, aunque el populismo mate a la ideología, aunque las modas maten tu personalidad, no eres una máquina, por lo tanto, no tienes por qué comportarte como tal, porque aunque por fuera parezca que te dejas arrastrar por la marea, aunque cumplas las normas, las leyes y compres su pasta de dientes y lleves sus mismos pantalones, ahí dentro, al otro lado de las costillas, no tiene por qué entrar nadie, puedes ser una máquina por fuera pero una persona sensible por dentro: Las heridas se convierten en costras que son corazas y te protegen y aislan el mundo de fuera de tu mundo interior, aprende a separar ambos mundos y serás libre, aprende a obedecer por fuera, a ser uno más, a no llamar la atención y constrúyete un mundo ajeno que se abra solo para tí nada más cerrar los párpados, un mundo donde poder crear ilusiones, un mundo de cielos comestibles y luces sin sombra.
Yo cada día hago todo lo posible por conseguirlo, tratando de separar el mundo de fuera de mi mundo interior, que las calles se muevan a un ritmo distinto que mis pasos, los edificios son los mismos, la gente es la misma, las vallas publicitarias son las mismas, pero yo lo interpreto todo como me sale de los huevos...
O al menos, lo intento.

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