El Martes encontré en la biblioteca el libro
‘El alma está en el cerebro’, de Eduard Punset, era la primera vez que veía tan sugerente título, interpreté que bien podría tratarse
de una señal divina:
de una señal divina:
Alguien había puesto ese libro ahí
en esa estantería (y no otro) por algo,
¿Querrá alguien que me vuelva racional?
Sin embargo, pasados los días aun no he sido capaz ni siquiera de echarle la típica ojeada fugaz a su contraportada, me da miedo, siempre había creído que el alma era una masa viscosa, tirando a líquida y oculta en la sangre, que circulaba a sus anchas por nuestro cuerpo para luego concentrarse allá donde lo precisáramos,
Sin embargo, pasados los días aun no he sido capaz ni siquiera de echarle la típica ojeada fugaz a su contraportada, me da miedo, siempre había creído que el alma era una masa viscosa, tirando a líquida y oculta en la sangre, que circulaba a sus anchas por nuestro cuerpo para luego concentrarse allá donde lo precisáramos,
ya fuera el corazón (taquicardias),
las manos (sudor) o los genitales (—).
La teoría es inventada, pero a mí me funciona,
por eso no quiero que nadie me demuestre lo contrario, aunque tenga razón,
en lo referente al alma
prefiero que la imaginación mate a la ciencia,
las manos (sudor) o los genitales (—).
La teoría es inventada, pero a mí me funciona,
por eso no quiero que nadie me demuestre lo contrario, aunque tenga razón,
en lo referente al alma
prefiero que la imaginación mate a la ciencia,
no es bueno saberlo todo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario