viernes, 5 de abril de 2013

Lo siento, pero no me puedo quitar su imagen de la cabeza, su cara, sus ojos, su voz. Pienso en ella mientras camino por una ciudad que sin ella me es ajena, y por muchas cervezas que me tome, o suba a tope la música, siempre estará ahí, detrás de las costillas, pegada a ellas pero por dentro, pegada como sólo saben hacerlo los recuerdos que duelen. Así de simples y de absurdos somos los tíos cuando nos da por pensar en lo que no debemos, la inercia de los celos y las pajas mentales nos convierte en auténticos gilipollas.
En mi ciudad hay cientos, miles, de mujeres bellísimas, pero ninguna es ella, ninguna tiene su forma de hacerme perder la cabeza, llámalo química, llámalo dadaísmo cardiaco, llámalo X. (Despejo la X, la tengo en la mano, me trago la X). Nada peor que no poder quitarte algo así de la cabeza, es imposible, no puedo, no soy capaz, ni leyendo el periódico, ni mirando las gilipolleces de la tele, ni tomando café con los colegas, ni comiendo chinchetas para desgarrar su imagen. Necesito con urgencia olvidarme de ella, aunque me duela, aunque me cueste dinero...

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