viernes, 5 de abril de 2013

Tus huellas en mi nieve

Siempre que nieva imagino que estás ahí debajo, 
tumbada. Fría "Y viva" como tú eres 
y que duermes cubierta por un manto blanco.
Siempre que nieva pienso en sacar la pala y buscarte, desenterrarte y escarbar por toda la calle sudando vaho, desesperado, o derretir la nieve con el calor de mis manos, o esnifar la calle, o tumbarme y hacer el ángel para poder levitar y buscarte desde lo alto, o hundir mi nariz en la nieve y seguir tú rastro, o hundir dos cables pelados y esperar a que chispees, o andar calle arriba, calle abajo, calle arriba, calle abajo, hasta que mis pies te hagan gritar y escupir nieve.
Y de encontrar tú cuerpo, te llevaría en brazos a la bañera de mi casa y abriría el grifo del agua caliente hasta que abrieras los ojos y me reconocieras, entonces te preguntaría: ¿Por qué sólo apareces en invierno? Después te abrazaría cual gota agarrada a la punta de una estalactita, pensando que somos lo mismo pero distintos, 
distintos estados de un mismo agua.

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