viernes, 12 de abril de 2013

Desde que te conocí no puedo evitar 
abrazarlo todo, tú me enseñaste 
a utilizar el abrazo como moneda de cambio 
y ahora, ya ves, cada vez que una mujer 
saca el monedero para pagar en la panadería, 
me abalanzo sobre ella 
con los brazos extendidos y la abrazo, 
pero ninguna reacciona como tú: 
¿Pero qué hace? Quita, coooño…
soltó mientras me golpeaba 
con su bolso de piel de saña. 
Ya ves ¿Cómo explicarle a aquella señora 
que el abrazo es ahora 
el único lenguaje que conozco? 
¿cómo explicarle que me has convertido 
en un auténtico fascista del cariño? 
¿En qué jodido hechizo carnal me has metido?
Ahora no paro de buscar huecos por todas partes 

donde poder reposar mi cabeza, 
busco el hueco de tú hombro en los huecos 
de todos los hombros que se cruzan a mi paso, 
pero ninguno encaja como el tuyo: 
Bendito Tetris dérmico, el nuestro.
Y además, comienzo a estar un poco harto 

de que todos esas mujeres a las que abrazo 
(por tu culpa) me acaben insultando 
o llamando a la policía, todas menos tú.

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