viernes, 12 de abril de 2013

Cuando creía tener todas las respuestas, llegas tú, y me cambias las preguntas, quizá por eso ahora mismo no soy más que un mar de dudas sin traje de buzo ni oxígeno que llevarme a la espalda. Para disiparlas (Las dudas) no tendría más que sumergirme desnudo en mi mar a pulmón, y bucear entre las algas en busca, quizás, de algún barco hundido cuyo tesoro las resolviera todas de un plumazo, o tal vez al encuentro de una sirena que me dejara tocado del ala.
Pero antes de esto convendría tener en cuenta el efecto de las mareas, el mar picado y las resacas y que soy fumador,: mi resistencia pulmonar apenas duraría unos segundos, insuficientes si quiero llegar al fondo de mi asunto.
Aunque también podría flotar, 
hacerme el muerto en la superficie 
y esperar que una sirena me rescatara 
o que el tesoro reflotara a mi lado.
O también podría acercarme al acantilado y lanzarme hasta chocar contra las olas esperando cruzarme con cualquier sirena (disfrazada de tí) que buscara un hombre con el que viajar 
a mares más cálidos.

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