martes, 23 de abril de 2013

 
 
Cuando aquel hombre
me dijo que vivía gracias 
a un corazón artificial
me vinieron a la mente 
un sinfín de preguntas 
que el pudor y sus prisas 
me impidiron formularle:
 ¿cómo funciona exactamente? 
¿qué autonomía tiene? 
¿dónde lleva la pila, es extraíble?  
¿es intercambiable o recargable?  
Y si así fuera,
 ¿se enchufa a la red? 
¿su corazón mantiene siempre 
el mismo ritmo cardiaco?
¿o lleva un regulador de impulsos 
externo con un mando en el pecho 
que a su vez lleva una rueda  
acoplada al ombligo?
¿o un mando con dos botones:+ y -?
¿o un mando con memorias: 
Modo SPORT. Modo RELAX, 
Modo EFECTO FLECHAZO?
¿o una aplicación para su iPhone 
(descargando el ”Heart Remote” 
en el Apple Store) 
y que controla vía Bluetooth 
desde una pantalla táctil 
que lleva acoplada a su reloj?
¡Qué precioso gesto de amor sería 
entregarle a tu futura esposa, 
en lugar de un anillo, 
el control del iPhone)!
Tal vez lleve un sensor en el cerebro 
que acelera o decelera el pulso 
según sus emociones.
Y en el caso de mantener siempre 
el mismo ritmo cardiaco, 
¿ya nada le produce ansiedad? 
¿ya nada le pone nervioso? 
¿dejó de tener pesadillas cuando duerme? 
¿ha de caminar siempre a un mismo ritmo? 
¿perdió la capacidad de amar intensamente 
o de volver a enamorarse? 
¿es ahora el sexo aburrido?
Pero aquel hombre como digo, 
se marchó antes de atreverme a formularle 
éstas y más preguntas, se marchó caminando
dejando una estela de poesía eléctrica 
de un corazón a plena carga 
y un alma a media luz.

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